Una propiedad puede llegar a una subasta judicial por decisión de un juez y, actualmente, todo el proceso de puja puede desarrollarse de manera electrónica. Pero ¿cómo funciona y qué lugar ocupa el martillero matriculado?
A diferencia de una venta inmobiliaria tradicional, una subasta judicial es un acto ordenado por un juez. Se produce cuando, en el marco de un proceso judicial, se dispone la venta de un bien del deudor para satisfacer los derechos de un acreedor. No es una operación voluntaria entre partes: es un mecanismo legal con reglas precisas, garantías concretas y un profesional específicamente habilitado para conducirlo.
Un marco legal que cumple más de una década
Desde 2010, la Ley 14.238, reglamentada por el Acuerdo 3604/12 de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, permite realizar subastas de bienes muebles, bienes muebles registrables e inmuebles a través de internet. Esto dio origen al sistema de subastas electrónicas que hoy funciona a través del portal oficial de la Suprema Corte: subastas.scba.gov.ar.
Este portal centraliza las subastas judiciales activas en la provincia. Cualquier ciudadano puede acceder a él sin registrarse para consultar los bienes disponibles, ver fotografías, conocer el precio base y revisar las cargas que pudiera tener cada propiedad.
Cómo funciona el proceso
Para participar como postor en una subasta electrónica es necesario registrarse en el portal y validar la identidad de forma presencial. Una vez habilitado, el sistema asigna un código de postor anónimo para cada subasta, lo que garantiza la confidencialidad de quienes participan.
Las ofertas se realizan por tramos predeterminados durante el período activo de la subasta. El sistema incorpora un mecanismo de extensión automática: si alguien supera la oferta más alta en los últimos tres minutos, el tiempo se extiende automáticamente diez minutos más, evitando que una oferta de último momento cierre el proceso sin dar oportunidad de respuesta.
Al cierre, el mayor postor resulta adjudicatario. El resultado se comunica automáticamente a todos los inscriptos y luego se realiza una audiencia de adjudicación ante el juez para formalizar la operación.
El rol del martillero: conductor del proceso, no testigo
En todo este proceso, el martillero matriculado no es un intermediario ni un observador. Es el auxiliar de justicia designado por el juez para conducir la subasta. Así lo establece la ley, y esa responsabilidad tiene alcance concreto en cada etapa: desde la verificación de las condiciones del bien y el control de la publicación, hasta el monitoreo de la puja y la conducción de la audiencia de adjudicación.
La incorporación de la tecnología no reemplaza ese rol. Lo complementa. El martillero sigue siendo el profesional legalmente responsable de que el proceso se desarrolle conforme a derecho, con transparencia y garantías para todas las partes involucradas: el acreedor, el deudor y el comprador.
En el Departamento Judicial San Nicolás, los martilleros matriculados del Colegio ejercen ese rol en San Nicolás, Ramallo, San Pedro, Arrecifes, Baradero y Capitán Sarmiento.
info@colegiodemartillerossannicolas.com.ar